domingo

Las siete luminarias y los vegetales gigantes


Alrededor de mediados de los noventa, cuando me encontraba profundamente vinculado en la búsqueda de lugares  “mágicos”, llegaba a mí la información de un lugar ubicado en la república mexicana donde se afirmaba se habían logrado cultivar vegetales gigantes.
El nombre de aquella región era Valle de Santiago y Yuriria, en el estado de Guanajuato, lugar donde existen enormes cráteres denominados “Hoyas” supuestamente de origen meteorítico. En particular siete son denominados “Las siete luminarias” debido a que se afirma se encuentran distribuidos en forma semejante a las siete estrellas de la constelación de la osa mayor.

Al respecto de aquellos vegetales gigantes se hacían diversas afirmaciones contradictorias. Por un lado se decía que eran de pobre sabor y baja calidad nutritiva, pues estaban compuestas fundamentalmente de agua. Por otro lado se decía que condiciones excepcionales de inactividad de la tierra durante largo tiempo habían permitido lograr un extraordinaria cosecha solo unas muy contadas ocasiones.

Interesado en obtener información directa de primera mano, me trasladé junto con Ixamayo mi entonces pareja, a aquella zona teniendo solo tres datos. El nombre de la región, el nombre de uno de los protagonistas vinculados con toda aquella historia, mismo que era Oscar Arredondo y el lugar donde podría localizarlo, su negocio llamado Fotografía México.

A nuestra llegada por la tarde al valle, preguntamos por el nombre del local que buscábamos y nos indicaron que se encontraba a un costado de la iglesia en el centro del poblado.
Ya en el sitio frente al personaje le expliqué que veníamos desde la ciudad de México interesados en platicar con él. Gentilmente nos dijo que con gusto, solo que debería salir a tomar fotografías en una boda y regresaría alrededor de las 11 p.m., y haciendo un énfasis especial me dijo que nos esperaba.

Como sincronicamente ese mismo día se realizaban las festividades asociadas con Santiago, santo patrono del pueblo después de asegurar un lugar para hospedarnos, regresamos a la plaza principal para presenciar las celebraciones.

A la hora señalada acudimos a la cita con Don Oscar quien nos recibió invitándonos a sentarnos en su modesto estudio en medio de la penumbra y sus equipos. Como entregando información para el futuro, haciéndome sentir que me estaba esperando, sin preguntarme si era reportero, o que uso le daría a la información proporcionada, me recibía afirmando que a esa hora podríamos platicar mejor algunos asuntos.

Nuestro singular anfitrión de ojos y expresión peculiares, empezó a hablar de un binomio de trabajo donde el era el canal, la  parte aérea o mental, y un modesto campesino de nombre Carmen (José Carmen García Martínez) fungía como el hacedor, la tierra. Hacía pues mención de que él recibía la información y su compañero la llevaba a la práctica.
En algún momento de nuestro improvisado encuentro, de manera espontanea hizo referencia también a algunos aspectos que de alguna manera, sin que yo externara inquietud alguna, él sabía serían de mi interés en el futuro, como efectivamente es claro que así ocurre ahora que esto escribo alrededor de dos décadas después. Entre ellos hizo mención sutil de la existencia de algún vínculo entre él y la masonería.

Al interrogarlo sobre las historias que corrían al respecto de los vegetales gigantes afirmando que en lo único que eran superiores a los comunes era en sus dimensiones y que los mismos solo se habían logrado producir en unas pocas ocasiones y casi por casualidad. En su peculiar tono pausado y afable, pero igualmente enfático y misterioso, y con esa profunda mirada que lo caracterizaba, me aclaró que, tanto las cualidades nutricionales como el sabor y textura de los mismos eran superiores. Después pasó a narrarme lo siguiente.

Alrededor de finales de los años 70s había llegado a oídos de la presidencia de la república la fama de aquella región por sus cultivos de aquellos extraordinarios vegetales. El entonces presidente José Lopéz Portillo, interesado en utilizar aquel recurso como un potencial medio para combatir el hambre en el país, designó al entonces secretario de agricultura José Merino Rábago para que la dependencia gubernamental a su cargo llevara a cabo una investigación sería al respecto. Dado que existía la controversia al respecto de si el factor fundamental eran las características propias de las tierras, se decidió utilizar un terreno “neutro”, para lo que se designaron algunas hectáreas en el estado de Tamaulipas, al norte de la república. La mitad sería sembrada con técnicas agropecuarias convencionales, se utilizarían fertilizantes y plaguicidas, etc.. En la otra mitad se utilizarían las técnicas indicadas por quien en ese momento me relataba la historia.

Los resultados de la primera cosecha no fueron los esperados me dijo mi interlocutor. Ni las cebollas, ni las zanahorias, ni el resto de los vegetales alcanzaría las proporciones de las cosechadas en Valle de Santiago. Pero el experimento no sería un fracaso, el porcentaje de rendimiento por hectárea era alrededor de un 40%, si no mal recuerdo, del alcanzado en dicho valle. Es decir, aún así, los vegetales cosechados eran muy superiores a los obtenidos  en la otra mitad. Además,  me comentó, que unas pocas cosechas después, el rendimiento obtenido era el mismo que en Valle de Santiago.
Aquel experimento era un rotundo éxito demostrando que no eran las condiciones locales de aquel lugar de Guanajuato los factores predominantes.

No pasaría mucho tiempo después de que se empezara a difundir la buena noticia, que  llegaría a oídos de Oscar la prohibición por parte del propio gobierno de seguir con las investigaciones, e incluso de reunirse él y su contraparte campesina bajo riesgo de sus propias vidas.
Más tarde se enteraría de que agencias gubernamentales norteamericanas, al enterarse de los experimentos realizados y sus resultados exitosos, habían advertido a la presidencia del hecho de que  si se continuaba con los mismos esta corría peligro. Así se detuvo todo.

Si aquellas declaraciones fuesen verdad y como afirman tantos, el planeta estuviera dirigido por un grupo que velara por sus mezquinos intereses más que por los de la humanidad ¿Cuantas historias de supuestos gobernantes calificados como malos o traidores a sus pueblos serían solo fabricaciones del imperio para acabar con los legítimos intentos de los mismos de ayudar a liberar a los países que gobiernan?

Otro dato interesante que me aportaría Oscar al respecto de la relación entre Valle de Santiago y la presidencia de la república sería el siguiente. Me dijo que con cierta frecuencia llegaban por la noche a visitar los cráteres convoyes formados por camionetas tipo suburban y helicópteros. Entre los integrantes del grupo se encontraban, Carmen  Romano, la esposa del presidente acompañada por Uri Geller, el psíquico de moda en aquel entonces.
Años después aparecería entre mis referencias otro de los familiares del Lic. López Portillo, su hermana Margarita, quien sirviera como vehículo providencial para que Jacobo Grinberg y “Pachita” se conocieran.
Igualmente el Dr. Grinberg sería retirado del contacto con la milagrosa sanadora y corre el rumor de que esa decisión también ocurriría por presiones “políticas”.

Igualmente Don Oscar hizo referencia a múltiples hechos prodigiosos ocurridos en aquellas “Hoyas” y que han sido atestiguados por numerosas personas. Uno de ellos era un “microorganismo” que crecía en una de ellas, que tenia la particular de cambiar su tonalidad a rojiza cuando se iba a presentar algún eventos cataclismicó y refirió que incluso hay quien ha desarrollado el “don” de predecir el lugar geográfico de este por medio del mismo.
Para finalizar aquel primer encuentro el Sr. Arredondo me dijo ¡Venga usted mañana alrededor del medio día y le muestro fotografías de los vegetales cosechados. ¡Lo espero!.


A mi llegada al día siguiente al estudio, veía ahora a plena luz del día numerosas fotos entre ellas de escudos de la región, uno con el señor Santiago en la parte superior y otro donde aparecía Cuauhtemoc, de los vegetales y los cráteres así como numerosos  recortes de periódicos y fotos asociadas a noticias que vinculaban a los vegetales con extraterrestres y otras cosas.
Años después curiosamente, cuando conociera a “El hermanito” hijo de “Pachita” durante una sesión en penumbra en una casa en Coyoacán, tendría la oportunidad de reencontrarme con la misma habitación de día y podría observar claramente un cuadro al oleo donde aparecían los antes citados personajes junto con Cuauhtémoc, el último tlatoani.




 







Como sobre este aspecto existe amplio material en Internet no abundaré en ello sino que me concentraré en los eventos que considero significativos y de los que puedo dar testimonio.



Al final de nuestro encuentro me sugirió platicar a un hombre llamado Uriel Almanza que vivía corta distancia del Valle de Santiago, cerca  de la laguna de Yuriría.
Después de hacer un recorrido por algunas de las Hoyas, según se le denomina a dichos cráteres que al decir de algunos expertos son de origen meteoritito, ese mismo día por la tarde partimos siguiendo las indicaciones, y alrededor de una media hora después, al atardecer nos encontrábamos frente a una pequeña tienda con una cortina metálica.
Bajé del auto y toque la puerta, poco tiempo después apareció un hombre, alto y corpulento con unas inmensas manos. Al preguntar por Don Uriel me dijo ¿Quien lo busca?. Le comenté que venía de parte de Don Oscar, y después de saludarme y presentarse como la persona por quien había preguntado, me dijo que por favor volviera mañana pues estaba un poco indispuesto y estaba por retirarse a descansar.

Al mediodía del siguiente día, regresamos y ahora reanimado Don Uriel nos recibía invitándonos a pasar para platicar.
Como no sabía por que se me había sugerido conocer al personaje con quien ahora me encontraba, empecé la conversación comentándole que venía de la capital interesado en la historia de los vegetales y que los días anteriores me había entrevistado con Don Oscar y había sido él quien me había sugerido conocerlo.

Charlábamos sentados en unas modestas sillas metálicas que eran juego de una igualmente modesta mesita metálica, de esas que obsequian las compañías cerveceras como parte de su publicidad. Dicha mesita se encontraba a nuestro lado y sobre esta, más cerca de mi compañera, un objeto cubierto por un paño.

De pronto ella interrumpió nuestra plática inquieta y preguntó ¿Que es eso que está debajo de la tela? para pasar a afirmar ¡Estoy sintiendo una energía muy fuerte del objeto que hay debajo!.
Sorprendido por la reacción de ella, dijo es usted muy sensible y procedió a retirar el pedazo de lienzo para dejar descubierta una piedra de bordes irregulares de alrededor de unos 40 cm., con dos caras más o menos planas y paralelas.

Mapa de la ciudad intraterrena del Cerro de Culiacán

Si bien a primera impresión la apariencia de la misma era la de una piedra común y corriente, a la que con un objeto metálico puntiagudo como un clavo se le hubieran algunos hecho trazos. La forma en que está había sido detectada por mi pareja  llamó mi atención e incluso yo mismo al verla detenidamente, sin alcanzar a comprender nada, tuve una extraña sensación. Por lo tanto traté  de no emitir ningún juicio y esperé a que nuestro anfitrión fuera quien nos explicara el por qué se había sorprendido y nos contara la historia de la misma.

Para empezar hizo referencia a un investigador que tiempo atrás, haciendo uso de radiestésia, un día había llegado hasta su puerta y le había tocado. Al salir le dijo ¿Me puede mostrar el objeto que tiene usted allí dentro? ¡Tiene una energía muy especial!.

La historia que nos sería narrada referente al objeto en cuestión sería la siguiente. Dicha piedra correspondía a un mapa de una ciudad intraterrena ubicada en el interior del Cerro de Culiacán cercano a la laguna de Yuriria, y vinculada con la mítica Chicomoztoc–Aztlán.

Cerro de Culiacán y laguna de Yuriria, Guanajuato 
Familiarizado con esas realidades por la cercanía con nuestra amiga Lilia, ex alumna de Daniel Ruzó y guardiana de una entrada vinculada con la cordillera Amatlán-Tepoztlán-Chalma-Malinalco, me limité a escuchar.
Adicionalmente mencionó que, dicha “piedra” mostraba cambios como una “musgosidad”, algo así como emulando las modificaciones que con el paso del tiempo iba mostrando la vegetación del cerro.
Como en lo personal he sido testigo de tantos prodigios no tenía por que dudar de su palabra.
Aquella historia evocó en mi mente la leyenda que habla del vínculo con la hermandad blanca así como de su guía y entrega de conocimientos, desde tiempos inmemoriales, para contribuir al avance de la humanidad.
Casi al final de nuestro encuentro con Don Uriel, nos invito a visitar sus tierras, un par de hectáreas ubicadas a unos 15 minutos de su casa, a pie.

Ya en el lugar nos comentó que tiempo atrás, su hermano y él empezaron a observar emanaciones luminosas, como fuegos en medio de aquellas tierras. Inicialmente pensaron estarían asociadas con apariciones de seres, algo así como almas en pena de esas que se dice se aparecen señalando lugares donde existen tesoros enterrados. Movidos por la ambición dedicaron muchas horas a excavar y solo encontraban rocas de forma “peculiares”, mismas que Don Uriel había ido coleccionando. Eventualmente su hermano se cansaría de no encontrar los tesoros esperados y se marcharía de aquellas tierras, pero al parecer el Sr. Almanza encontraría algo más valioso que lo vincularía de por vida con aquellos lugares.

Mientras caminábamos de regreso nos señaló un conjunto de inmensas rocas refiriéndose a ella como una entrada intraterrena. Nos dijo que, de cuando en cuando, esas rocas aparecían movidas dejando ver entradas físicas.






Algunas profecías de Benjamín Solari Parravicini, “el Nostradamus” argentino alusivas a lo relatado (hay muchas más vinculadas de diversas maneras con el tema):


















Vegetales gigantes llegarán a la Tierra antes de la gran hambre. (año 1940)




"MON. Cerebros vivos hablarán con cerebros astrales y dirán al mundo la hora a empezar, y hallarán del cerebro vivo morador de atmósferas del latido del Universo. Del Uránico avasallante, del Ojo en el levante del Unicornio Volador de la Cabellera estática del espacio de las hienas corrientes del pentágono azul y de sus tres estrellas, de la forma de clases y de los sistemas solares de las lácteas". (sin fecha)




















“Razas extraterrestres regresarán a la Tierra. Ellas ocuparan ciudades subterráneas que de ellas fueran y aun habitadas por sus naturales aclimatados. Bajarán para restablecer costumbres que fueron superiores a las nuestras, hoy desaparecidas. Se manifestaran en forma telepática. ¡Serán en el 2000!” (1959)




“La nave anfibia interplanetaria enseñará la existencia de canales habitables en el interior de la Tierra. Ella se sumergirá en el Polo Sur y aparecerá en el Polo Norte, ¡solo en instantes!” (1960)
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