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Las señales del espíritu en Puebla de los Ángeles



- Un complicado aparato lleno de espejos

Por el mismo tiempo en que comunmente realizaba recorridos y rituales con Lilia en diversas partes de México incluido el estado de Puebla de los Ángeles, ocurría que, en el Observatorio Astronómico Nacional (OAN) de Tonantzintla de ese mismo estado, muy cercano a la pirámide de Cholula, llevaba a cabo, junto con algunos colegas entre ellos Salvador Cuevas, Fernando Garfias y Leonardo Sanchez, las pruebas del Sistema de Óptica Adaptativa que, años después, en el futuro, se revelaría sería un vínculo premonitorio con Jacobo Grinberg a través de su libro “El Prototipo”
















- Un hombre con visión superior

Una noche temprano, antes de trasladarnos al edificio del telescopio para iniciar las pruebas  del equipo, nos encontrábamos reunidos en la cabaña conocida como del mural, donde existe en uno de los muros una pintura que más de uno de los colegas del instituto consideraba espantosa y opinaba debía ser borrada. Incluso se referían a ella de manera burlona como “el mural del OVNI”, por la forma que se aprecia en el seno derecho de la mujer recostada.

Si bien este códice aún no se había develado para mi, a pesar del largo tiempo que lo había mantenido presente en mi consciencia dormida, aquel mural no me era particularmente desagradable, sino todo lo contrario, aunque no desde el conocimiento sino desde la profunda ignorancia. Lo único que sabía era que un pintor que había estado hospedado en la misma la había realizado tiempo atrás.

 El hombre contempla el cielo - Miguel Prieto Anguita (OAN Tonantzintla. Puebla. Foto Leonardo Sanchez, procesamiento y restauración digital Pablo Sotelo)
 Mural “El hombre contempla el cielo”

Sin embargo, aquella noche, tal vez producto del desvelo y el cansancio o de la apertura de mi consciencia ahora derivada de los recorridos con la médium por las rutas y regiones energéticas de México, observé por un instante como aquella figura que tenía asociada desde mi ignorancia racional con “la nebulosa cola de caballo” sin saber nada más sobre ella, de pronto se movía, mostrándose como si se tratara del torso de un personaje como arrodillado, o haciendo reverencia con un tocado en la cabeza, la parte superior. Aquella breve “alucinación” sería premonitoria también de múltiples eventos del futuro aun cuando en ese instante solo pude atestiguar el suceso, mismo que, como tantos otros a lo largo de mi vida, debí mantener en silencio ante la imposibilidad de compartirlo con quienes me rodeaban, pues tanto las percepciones como su significado simbólico representan conexiones del mundo interno del observador.

La nebulosa Cabeza o Cola de Caballo
(Horsehead nebula en inglés) o Barnard 33 (B33) de Orión


Para mi sería necesario el paciente transcurrir de los años, el contacto con múltiples secretos guardianes de tradición, y recorridos rituales por rutas energéticas en diversas partes de planeta para empezar apenas a comprender que en aquel mural estaba plasmada de manera sintética y premonitoria el retorno de Quetzalcoatl, el despertar de ME XHIC CO y hasta la clave para el encuentro, algunos años después, con una de sus puertas sagradas. ¿La más quizá?.
Incluso la raza cósmica misma,  el quinto Sol se encontraba allí.

El mural, actuando como un magnífico códice, un profético holograma en la cuarta dimensión, el espacio-tiempo, mostraba  a un cerro de forma peculiar denominado Tepopoxtli (Sahumerio sagrado en lengua nahuatl) como la cabeza de la mujer recostada, perspectiva plasmada por el pintor que solo puede ser apreciada desde la cima de la pirámide de Cholula, la mayor en volumen del planeta conocida. Muy en especial desde el punto donde se encuentra una cruz de piedra que lleva inscrito el año 1666, y que como mudo testigo, custodia secretos que dirimen de manera contundente la controversia de aquellos años sobre la virgen de Guadalupe.


Desde allí es posible contemplar el Popocatepetl supremo guardián de la consciencia de México junto con la Iztaccihuatl su contraparte femenina, dominando el horizonte. La punta más alta del Tepopoxtli marca el paso de Cortez donde un guerrero que custodia al espíritu de ME XHIC CO, arrodillado, aparentemente vencido, herido por la masacre de Cholula, espera el cumplimiento de la profecía y resguarda el renacer de los templos de su centro, a los que los más secretos guardianes se refieren como lugares sagrados más allá de lo inimaginable, espejos del cielo.



¿Acaso una fuerza misteriosa preservaba esa exquisita obra maestra para que siguiera dando cátedra de la profunda simbología que contenía y entregara los secretos que aun guarda hasta el momento que todos deban ser develados?.
Aquel sensible artista español, elevado visionario, que igualmente ilustrara numerosos textos, entre ellos “La esfinge mestiza” de Juan Rejano, y cuidara la edición mexicana del “Canto General” de Pablo Neruda, así como otros títulos del poeta chileno. Durante su estancia en nuestro país, se había impregnado de las energías custodiadas por esa zona de Puebla, legando a México, quizá una de sus obras más logradas.



- La nebulosa Cola de Caballo de Orión, símbolo premonitorio del encuentro con los guerreros sagrados Cuauhtemoc de México y Kamehameha de Hawaii

Con el transcurrir de los años, poco a poco se iría revelando incluso la conexión entre la “alucinación” de aquella noche, el equipo que se estaba probando y los guerreros sagrados, Cuauhtemoc de México y Kamehameha de Hawaii.

Estatua de Cuauhtemoc en el Paseo de la Reforma, México

Estatuas de los guerreros sagrados Cuauhtemoc de México (izquierda) y Kamehameha de Hawaii



¿Continuará? . . .